El toco mocho bancario

Esta noche he dormido muy poco, lo confieso, así que pido excusas por adelantado si acaso mi argumentación no es todo lo fluida que debiera, pero es que ha sido levantarme, poner la tele mientras me tomaba un café con leche, y quedarme paralizado con la galleta maría a medio camino de la taza a la boca, desmenuzándose ésta, desagradable e inevitablemente, sobre la mullida y hasta ayer limpia alfombra de lana del comedor.

El culpable del estropicio: un fulano llamado Carlos Balado, director de comunicación de la Confederación Española de Cajas de Ahorro, que en el programa Informe Semanal aparecía con toda la desvergüenza que se pueda reunir en una sola persona, afirmando en pocas palabras que, las Participaciones Preferentes y Obligaciones Subordinadas (unos complejos productos financieros, que ni siquiera la mayoría de empleados de banca comprenden) que las cajas de ahorro han vendido a más de 100.000 jubilados en toda España, son un producto estupendo, y que todos los compradores fueron debidamente informados de todos los riesgos y obligaciones que este producto implicaba. Me explicaré, para los que no sepan de qué va la copla.

Las Cajas de Ahorro, ávidas de dinero por el descalabro inmobiliario que ellas mismas propiciaron, necesitaban un medio rápido y fácil de recapitalizarse, y súbitamente cayeron en la cuenta, de que había decenas de miles de pensionistas que guardaban sus ahorros en cuantas corrientes con fines tan pueriles como disfrutar de sus últimos años de vida, o dejar una pequeña herencia a sus hijos; así que, ni cortos ni perezosos, los directivos de estas cajas (de todas las Cajas, para ser precisos) urdieron un plan para hacerse con ese dinero que no era suyo.

La solución vino en forma de los productos financieros antes citados, y la manera de conseguir que los abueletes sacaran el dinero de sus cuentas y se lo dieran a ellos por las buenas, fue muy simple: engañándolos.

El proceso es muy parecido al famoso timo del toco mocho, en el que alguien que se hace pasar por un personaje de pocas luces, te ofrece un sobre en apariencia lleno de billetes de cincuenta euros que dice haberse encontrado, a cambio de unos cuantos otros billetes de veinte, que dice le gustan más. Obviamente, el resultado final es que el timador se embolsa una buena cantidad de dinero y sale corriendo, y el estafado, descubre que el sobre que el han dado, está lleno de trozos de papel de periódico.

Pues esto, exactamente, es lo que hicieron las Cajas de Ahorro. Llamaron a todos los jubilados a sus oficinas, y les ofrecieron, casi siempre en voz baja como si les confiaran la fórmula de la Coca-Cola, lo que juraban por sus muelas era el chollo del siglo y una oportunidad de inversión que no podían dejar pasar, si querían asegurar el futuro de sus hijos, nietos y biznietos. Ponga aquí sus ahorros, señora Josefa –decían-. Es como un plazo fijo, pero con más intereses, y lo puede recuperar cuando usted quiera. Hágame caso, que yo mismo ya lo he hecho, palabrita del niño Jesús.

Pero claro, eso no era así. Ni de lejos.

Aquellos que los cándidos abuelos pensaban eran personas de confianza, por el hecho de llevar corbata y tener una plaquita con su nombre en su mesa, descubrieron demasiado tarde que en realidad eran unos malnacidos sin escrúpulos que consciente, deliberada y alevosamente, los estaban desvalijando. En realidad, lo que estaban haciendo era robándoles con una sonrisa, aprovechándose de la ignorancia de gente mayor y desinformada, mintiéndoles a la cara para que, virtualmente, les regalaran de forma contractual todo el dinero que tenían en su cuenta, y que ya NUNCA podrían volver a recuperar. Porque, lo que en ningún caso les decían, era que en el acuerdo que firmaban, accedían a entregarles todos sus ahorros a perpetuidad a cambio de un ridículo interés, renunciando además al derecho de poder recuperar su dinero bajo ninguna circunstancia.

Resumiendo: les convencían para firmar un contrato, en el que voluntariamente entregaban todos sus ahorros al banco, a cambio de NADA.

Esto, que parece una exageración o la descripción de una estafa piramidal, es exactamente lo que han hecho las Cajas de Ahorro de este país nuestro, amparados por una total y sonrojante impunidad.

Obviamente, los primeros culpables de este monumental robo son los directivos hijos de la gran puta (con perdón para las putas, por supuesto) de dichas entidades, que no tuvieron inconveniente en arrebatar los ahorros de toda una vida a más de 100.000 jubilados, para equilibrar sus balances y ganar unos puntos de liquidez. Todo esto, claro, con la aquiescencia de la Comisión Nacional del Mercado de Valores y el Banco de España, que sabiendo de la estafa, miraron para otro lado importándoles un comino el asunto, como si no fueran ellos los encargados de velar por que algo así no suceda. Pero ah, tampoco nos podemos olvidar de esos empleados de banca, con los que tratamos cada día y nos saludan con cortesía, pero que no dudaron en ser compinches en esta estafa, y mentir sin recato a gente a la que sabía les iba a arruinar la vida, sabiendo del mal que estaban haciendo. Y no, no me vale la excusa de que si no lo hacía él lo haría otro, o que podía perder el empleo si se negaba a ser cómplice. Y una mierda. Quizá eso les sirva al mirarse al espejo, pero que no se lleven a engaño; mintieron, engañaron, y robaron a personas inocentes y de pocos recursos que confiaron en ellos, para salvar su empleo en un banco. Creo que cobardes, es lo mínimo que se les puede decir.

Y por último, ya para rematar la faena, aparece en Informe Semanal de RTVE el tal carlos balado (la minúscula es apropósito), aseverando tranquila y condescendientemente, que todas las personas a las que estafaron estaban perfectamente informadas de que estaban siendo engañadas, y que voluntariamente entregaron todo su dinero a las Cajas de Ahorro de forma desinteresada, a sabiendas de que eso los abocaba a su ruina más absoluta.

Entonces, al escuchar esto, es cuando se te agolpan todos los improperios del mundo en los labios, y uno corre serio riesgo de morir ahogado entre insultos y abjuraciones mientras la galleta maría dorada empapada en café con leche se deshace en el aire, espachurrándose contra la alfombra, y piensas que ojala acabara así ese fulano hipócrita, bajo las ruedas de un autobús.

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Un comentario en “El toco mocho bancario

  1. Hola Fernando. Antes que nada, decir que me parece increíble que en españa no haya un movimiento social que vaya más allá de reclamar la restitución de los dineros que los afectados por este tema. No quiero decir que no este bien que se movilicen para protestar y reclamar lo que es suyo, si no que creo que habría que ir más allá. Y digo esto porque en mi opinión el problema tiene raíces e implicaciones mucho más profundas.
    Como tu ya sabes, desde hace muchos años vivo en USA y por mi formación, interés personal y profesión, algo se de inversiones y finanzas.
    En mi opinión todo este escándalo tiene su origen en un hecho cultural: En general, hasta ahora en españa, a diferencia de Estados Unidos, la gente crece y envejece creyendo que para afrontar una mejor o peor calidad de vida en la jubilación solo hay tres opciones: tener patrimonio, tener descendencia y que se ocupen de uno, o contar con una pensión decente. Y en españa todos sabemos que de las tres, la primera es la más segura, la segunda es la que representa más riesgo de materializarse y la tercera, hoy en día, es prácticamente imposible y ahora no vale la pena contar con ella. Así que, de golpe y a ciegas, la gente se ha lanzado a las aguas movedizas de la auto-gestión en la inversión de sus ingresos.
    Pero cual es la realidad de la sociedad por lo que hace a este tema:
    1. Que la gente corriente no tiene a su alcance realmente expertos. Los trabajadores de cualquier caixa, caja o banco no tiene ninguna formación que les haga realmente competentes. Son vendedores al servicio de un empleador. Y, lo que es peor, cuando aconsejan no lo hacen sujetos a un código que vela por que en el desarrollo de esta función cumplan con una serie de reglas, conocimientos y valores. Lo único que les controla son los objetivos marcados por la institución para la que trabajan. Esto por lo que hace a la gente corriente. Los otros españoles, los que tienen mucho dinero, estos sí es posible (que no cierto) que puedan acceder a profesionales mejor preparados, con mejores conocimientos, y sobretodo, con acceso a mejores productos. Ahora bien, déjame también que sobretodo cuestione la calidad del servicio que ofrecen. Porque hay otro problema que es la regulación que fiscaliza como ofrecen consejo a sus clientes y esto está relacionado con el punto siguiente.
    2. La CNMV es un chiste malo de esos que te hacen llorar antes que reír. No voy a entrar a comentar ni su historia ni su funcionamiento porque no vale la pena. Valga solo con decir que no sirve para absolutamente nada y, desde luego, no cumple la función principal que se le supone: velar y controlar porque todos los instrumentos financieros que se ofrecen en el mercado cumplan toda una serie de requisitos que aseguran sean realmente vehículos de inversión y que quien los ofrece no engañe.
    3. El último ingrediente de este cocktail Molotov es la combinación de los dos puntos anteriores con la actitud de la gente corriente que acude al banquero de turno como quien va al médico, entregándoles con una fe ciega. Esta actitud de “yo no entiendo y no se”, combinada en algunos casos con “no me interesa y no quiero saber más”, lo siento pero en mi opinión es de una inconsciencia que raya la locura. Es como ir al médico y no contrastar un diagnóstico, comprarte un coche y no informarte de lo que dicen otros de ese modelo o marca, o comprar una casa y no pedir previamente una tasación.
    En españa la gente corriente tradicionalmente carece de formación, conocimientos y, principalmente, cultura por todo lo que hace la gestión de sus ingresos económicos. Esta carencia hace que sea generalizada la práctica de confiar ciegamente en la “opinión de los expertos”. Así he oído yo a más de un amigo (y ninguno de ellos precisamente un indefenso jubilado) decir: He invertido mi dinero en lo que me ha recomendado el director de la caja que sabe de esto. Y lo que la mayoría de la gente no entiende es que los directores de las cajas o bancos, o el interventor de turno, da igual, no saben más que ellos y que lo único que hacen es vender lo que su empresa les dice que tienen que vender para cumplir objetivos de ventas. Pero que quieres que te diga (y me da igual que edad tengan los individuos), hay que actuar con responsabilidad. Y de este bien no hay mucha abundancia.
    Qué sí, que la actitud de los banqueros es la que es y sobrepasa la raya de lo imperdonable, pero es la sociedad la que no ha hecho nada por cambiar esto. Por eso he empezado diciendo que me sorprende que nadie abogue por un cambio más profundo, que llegue a la madre del cordero: las instituciones reguladores, el gobierno en definitiva, que tiene que crear unas instituciones que regulen correctamente todo este mercado, empezando por la información que se ofrece con estos productos y como se comercializan. Porque si tu quieres vender algo al gran público ese mismo público pide que se le informes y se le trates con honestidad.
    Y ya que nos ponemos a comentar el grado de la calidad de información, Fernando permíteme unos apuntes a tu artículo:
    Primero, en la típica estafa del toco mocho, o lo que es lo mismo, el consabido timo de la estampita, con lo que juega el timador es con la avaricia y falta de escrúpulos del timado. Lo cual hace que la víctima difícilmente pueda contar con la simpatía de nadie cuando explica su caso. Por mucho que los afectados por la comercialización de estos vehículos financieros no hayan hecho su due diligence (proceso de averiguación para cerciorarse de la veracidad de una afirmación) a la hora de aceptar esos productos, no creo que se les pueda calificar de avariciosos, no es precisamente el caso, no?
    Segundo, la afirmación que haces de que “…les regalaran de forma contractual todo el dinero que tenían en su cuenta, y que ya NUNCA podrían volver a recuperar. Porque, lo que en ningún caso les decían, era que en el acuerdo que firmaban, accedían a entregarles todos sus ahorros a perpetuidad…” no es del todo exacta. No es cierto el “nunca”. El grado de liquidez es muy bajo, prácticamente inexistente porque todo queda reducido a un “tu me prestas dinero y yo te lo devuelvo cuando yo quiera”. Y se este el detallito que ni unos ni otros quisieron aclarar, unos por poca profesionalidad y dudoso grado de honestidad y otros por no hacer su due diligence.
    Pero buenos, todos en algún momento de nuestras vidas hemos comprado algo y luego nos arrepentimos y sabemos que si protestamos mucho y muy alto tal vez nos devuelvan nuestro dinero. Pero también es cierto que si todo el proceso de compra-venta se hace con la máxima claridad informativa y responsabilidad por ambas partes, nadie tiene que salir escaldado del acuerdo.
    Un saludo y un abrazo.

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