Los demonios aún siguen en el paraíso

Hace ya casi cuatro años, que se difundió ampliamente por internet una carta abierta a todo aquel interesado en leerla titulada Demonios en el paraíso, en la que denunciaba las atrocidades cometidas por el gobierno de Teodoro Obiang Nguema, presidente de Guinea Ecuatorial desde 1982. En dicha carta señalaba, con los datos en la mano, las decenas de miles de asesinatos cometidos contra sus ciudadanos por este régimen dictatorial, acusado de ser uno de los más despiadados y corruptos del mundo por organizaciones como Amnistía Internacional, Human Rights Watch, o Transparency International.

Gracias en parte, a la difusión global de aquella carta a través de la red, millones de ciudadanos en todo el mundo descubrieron las atrocidades cometidas por Teodoro Obiang y sus secuaces, así como el latrocinio sistemático al que sometía al medio millón de guineanos que habitan esa pequeña ex colonia española africana del golfo de Guinea. Denunciaba en aquella carta que, no satisfecho con el asesinato o encarcelamiento de uno de cada diez guineanos, Obiang y su familia –que es lo mismo que decir Obiang y su gobierno-, saqueaban sin recato alguno todos los recursos naturales de uno de los países más ricos de toda África –Guinea Ecuatorial está situada sobre una de las mayores reservas de petróleo del planeta-, cuyos beneficios ingresaban directamente en sus cuentas bancarias en Europa y Estados Unidos. Unos beneficios que, sobra decirlo, en ningún caso llegaban a la población guineana, que debía sobrevivir con menos de un euro al día y sin ningún tipo de asistencia social, educativa o sanitaria por parte del gobierno. Como ejemplo clarificador, los gastos en operaciones de cirugía estética de la esposa de Obiang, sumaban más que todo el presupuesto anual de Sanidad del gobierno guineano.

La lista de violaciones de los derechos humanos, atrocidades y delitos de toda índole perpetrados por Obiang contra su pueblo sería interminable, y por desgracia, he de añadir que las circunstancias desde 2008, cuando publiqué la citada carta usando la información recopilada durante mi viaje a aquel país para la redacción de mi novela Guinea, no han cambiado demasiado. A día de hoy, ya bien entrados en 2012, cuando acabo de publicar la versión digital de aquella misma novela, y me pongo al día sobre el estado en que se encuentra aquel país que medio siglo atrás se había bautizado como “La perla de África”, descubro apesadumbrado que son los mismos asesinos corruptos los que continúan señoreando Guinea Ecuatorial; como si de su feudo particular se tratara y fueran los ecuatoguineanos simple vasallos sin derecho alguno, cuando no simples esclavos de la avaricia sin límite la familia Obiang que, a fuerza de expoliar, robar y asesinar, es hoy una de las más ricas del mundo.

Pero, sin embargo…

En gran parte, gracias a todos los que en su momento difundisteis aquella carta de denuncia, hoy hay un sin embargo.

Lo que pretendíamos, lo que todos esperábamos reenviando aquella denuncia a familiares y amigos, escandalizados con la brutalidad del régimen guineano y la aquiescencia de las potencias occidentales, en parte, ha sido conseguido.

Cierto es, como he dicho antes, que Teodoro Obiang sigue gobernando Guinea Ecuatorial sin misericordia, enriqueciéndose cada día que pasa hasta límites absurdos sin repartir más que las migajas entre la necesitada población guineana. Pero algo ha cambiado, damas y caballeros. La opinión pública mundial –es decir, ustedes-, sabedora de los desmanes de este dictadorzuelo de opereta y su esperpéntica familia, ha empezado a mirar con otros ojos a los políticos que se dan de palmaditas en la espalda con este asesino, e indirectamente, ha llevado a que se abran investigaciones en Europa y Estados Unidos, sobre sus millonarias posesiones inmobiliarias y cuentas abiertas en nuestros bancos, donde iba a parar todo lo que robaba directamente de las cuentas del estado que se supone debía administrar. Un saqueo, para que se hagan una idea, que superaba el 95% del tesoro público ecuatoguineano, y cuyos réditos en el banco Riggs de Washington eran superiores a los de Arabia Saudita.

El hecho es que actualmente, y aunque aún nos queda a todos un larguísimo camino que recorrer, Teodoro Obiang y su familia prácticamente se han visto progresivamente recluidos en su pequeño país del, sin poder disfrutar como antes de su ostentoso tren de vida allende las fronteras, mientras viajaban de aquí a allá en cualquiera de sus aviones privados; y “Teodorín” Obiang, el hijo pródigo y heredero del trono de su padre, ya no se pasea impunemente con alguno de sus superdeportivos por los Campos Elíseos, ni sigue organizando sus famosas orgías de coca y prostitutas a cuenta del estado en su palacio parisino de 101 habitaciones -valorado en 500 millones de euros y recientemente requisado por la justicia francesa-, o en su fabulosa mansión Californiana, donde una investigación encabezada por el senador Carl Levin, obligó a cancelar todas las cuentas bancarias y bienes en Estados Unidos del clan Obiang. Un duro golpe, para quien poco tiempo atrás había sido recibido en la Casa Blanca por Condolezza Rice y calificado como “un buen amigo”.

Resumiendo: Teodoro Obiang sigue ejerciendo su criminal dictadura en Guinea Ecuatorial, y la perspectiva de substituirlo por un gobierno democrático en los próximos años es poco menos que una utopía, pero aún así, hemos de estar orgullosos de lo logrado.

Sí, ha leído bien. Usted ha de sentirse orgulloso y consciente de que, con el simple hecho de reenviar una carta, haya conseguido desviar ni que sea unos milímetros el rumbo de la historia, poniéndole las cosas un poco más difíciles a este abominable dictador y su detestable familia, lo cual es una prueba de que, si seguimos insistiendo, entre todos aún podremos lograr más. Mucho más.

Gracias a todos por creer, y por hacer.

Fernando Gamboa

www.fernandogamboaescritor.com

Nota del autor:

            Para todos aquellos que no hayan tenido oportunidad de leer la carta abierta Demonios en el paraíso que escribí en 2008 y deseen hacerlo ahora, la adjunto a continuación.


Demonios en el paraíso

El motivo de este mail, es mi deseo de compartir con la mayor cantidad de personas posibles, y no sólo con las que adquieran la novela, todo aquello que he averiguado en los meses de investigación previos a la redacción del libro. Aquello que he descubierto debería hacernos reflexionar

Lo que a continuación detallo, aunque pueda parecer exagerado o tendencioso (cuando no simplemente increíble), es rigurosamente cierto y puede ser contrastado por las fuentes que cito.

A muy pocos les debe sonar un pequeño país llamado Guinea Ecuatorial; aún menos sabrían dónde situarlo en un mapa de África; y serán contados los que recuerden que, hasta hace exactamente cuarenta años, los ecuatoguineanos eran tan ciudadanos españoles como un alicantino o un gaditano lo es actualmente. Pues sí, aunque parezca inverosímil, hasta hace tan solo cuarenta años Guinea Ecuatorial era una provincia de España enclavada en la costa Africana del Golfo de Guinea; “La perla de África” la llamaban, por ostentar entonces la renta per cápita más alta de todo el continente.

Hoy, cuatro decenios después de su apresurada independencia, bajo el yugo dictatorial de la familia Obiang Nguema y con el beneplácito de las grandes potencias, cuyas empresas explotan sus campos de petróleo y expolian sus reservas madereras, Guinea Ecuatorial se ha convertido uno de los países más subdesarrollados y corruptos del mundo; y el pueblo ecuatoguineano, en uno de los más aterrorizados a manos de su propio gobierno.

El actual presidente de Guinea Ecuatorial Teodoro Obiang Nguema, quien lleva 29 largos años en el poder tras ejecutar al anterior presidente (su propio tío), ha saqueado, robado y asesinado sistemáticamente hasta extremos inconcebibles, amasando una fortuna que lo convierte en uno de los hombres más ricos del planeta, en uno de los países más pobres de África.  Aunque para ser exactos, no puede decirse que el país en sí sea pobre, pues alberga una de las mayores reservas petrolíferas del continente, cuyos beneficios de explotación reportan al régimen guineano miles de millones de euros. Lo que sucede, es que la familia Obiang se queda con ABSOLUTAMENTE TODO lo que pagan gobiernos y petroleras extranjeras (norteamericanas y chinas, sobre todo) por los derechos de extracción. Pero aunque parezca mentira, la familia Obiang no se limita sólo a quedarse con esa ingente cantidad de dinero, sino que además se dedican a robar propiedades privadas (se han apoderado aproximadamente la mitad de los terrenos edificables del país, y no han pagado un céntimo por ellos), salarios (muchos trabajadores han de pagar a la familia del presidente gran parte de lo que ganan) o negocios de los guineanos no afines al gobierno o a la familia Obiang (que al fin y al cabo es lo mismo), cuya ignominia llega al punto de despojar impune y caprichosamente a sus empobrecidos compatriotas de cualquier bien que posean sin justificación alguna.

Teodoro Obiang y su clan gobiernan Guinea Ecuatorial como lo haría un esclavista con su hacienda. Para ellos, los ciudadanos guineanos son meros vasallos a su disposición, y el país una finca privada que saquear sin tener que dar cuentas a nadie.

A pesar del río de dinero que fluye desde este desdichado rincón de África, sus habitantes no disponen de servicios sanitarios, educación, seguridad o justicia. Por ejemplo, ante cualquier emergencia médica el Hospital de Malabo es la única opción de asistencia, pero eso sí, bajo ciertas condiciones, como: pagar la estancia y el tratamiento por adelantado, y además, llevar todo lo necesario para dicha estancia y tratamiento (y con todo, me refiero a TODO: desde las jeringas o medicamentos necesarios, al colchón, las sábanas o la comida). Sin ir más lejos, cuando hace unos años estuve en Guinea, para realizarle a mi pareja un análisis de sangre el método de extracción consistió en hacerle un corte en la mano con un trozo de cristal.

Pero, por demencial que resulte, esto es sólo el principio, y ni mucho menos la peor parte.

Lo que convierte a Teodoro Obiang (conocido como “El Jefe”) y sus acólitos no sólo en ladrones, si no en peligrosos criminales, es la política de detenciones arbitrarias, encarcelamientos injustificados, torturas y asesinatos cometidos contra sus propios ciudadanos. Se calcula que durante su mandato, el actual gobierno guineano ha exterminado a nada menos que el 10% de la población del país, y una cantidad indeterminada ha desaparecido o se encuentra encarcelada ilegalmente y sin juicio previo.

Según el último informe de Amnistía Internacional, los detenidos por la policía y el ejército son torturados sistemáticamente con métodos tan brutales como mutilaciones, rotura de huesos, violaciones múltiples, descargas eléctricas en los genitales o clavar tenedores en la vagina de las detenidas.

Y para quien guste de datos e imparciales estadísticas, ahí van unas cuantas.

–         Guinea Ecuatorial produce 400.000 barriles diarios de petróleo

–         Exporta casi 1.000.000 de metros cúbicos de madera tropical al año.

–         Su Renta per Cápita la sitúa en el número 38 del ranking mundial (por encima de Kuwait o Arabia Saudita)

–         En cambio, en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU ocupa el puesto 121.

–         El 151 sobre 163 en corrupción, según Transparency International

–         La esperanza de vida es de sólo 43,3 años, según Amnistía Internacional.

–         La élite gobernante posee alrededor del 98% de la renta nacional

–         El 80% de la población vive con menos de 20 euros al mes.

–         El gobierno de Obiang ha convertido a Guinea Ecuatorial en el centro del tráfico de drogas de África Occidental.

–         Teodoro Obiang ganó las últimas elecciones con un 99,9% de los votos. Los 13 partidos políticos autorizados, estaban formados por miembros del gobierno.

–         En una reciente visita a Estados Unidos, la secretaria de estado Condoleezza Rice describió a Obiang como “buen amigo”.

–         En Julio de 2003, la radio estatal anunció que: “El presidente es un dios que está en contacto permanente con el todopoderoso, y puede matar a cualquiera sin que nadie le pida cuentas y sin ir al infierno, porque es el Dios mismo”

Sobran comentarios.

Y lo que personalmente hace que esta vergüenza común me resulte aún más dolorosa, es que el pueblo guineano, uno de los más amables, hospitalarios y generosos que he conocido, haya sido, como cité al principio, parte integrante del estado español. La atropellada y negligente descolonización de Guinea Ecuatorial por parte de España en 1968, es el origen de la inadmisible situación que ahora sufren los guineanos y a la que hoy asistimos con absoluta indiferencia y desafecto.

Pero hay que recordar que los ecuatoguineanos no sólo siguen hablando en castellano, si no que muchas de sus costumbres, celebraciones y tradiciones siguen siendo las mismas que las nuestras. Sus hijos cantan las mismas canciones que cantan los nuestros en el colegio, sus bromas son las mismas, hasta sus palabrotas son las mismas que las nuestras. Son, por decirlo así, unos primos cercanos de los que nos hemos olvidado totalmente, una parte de nuestra familia de la que nos hemos desentendido, ajenos y a veces cómplices de un castigo que de ningún modo merecen.

Porque probablemente, mientras lee este mensaje, una anciana agonizando de malaria pide un médico que nunca llegará.

Un niño está preguntando dónde están sus padres desaparecidos.

Una mujer implora a Dios que la mate, mientras es violada y torturada salvajemente en una comisaría.

Y cada día, Guinea Ecuatorial se hunde un poco más en las tinieblas.

Cada día, nuestra ignorancia nos hace más culpables.

Cada día cuenta.

Alguien dijo una vez que “Lo único que necesita el mal para triunfar, es que los hombres buenos no hagan nada”.

Quizá este sea un buen momento, para averiguar qué tipo de hombres y mujeres somos en realidad…

Y si te estás diciendo en este instante “Pero bueno, ¿yo que puedo hacer? Aquello está muy lejos”. Lo cierto es que, por desgracia, no vas mal encaminado.

Guinea Ecuatorial es víctima de la maldición del petróleo, y como puedes imaginar, estados como China, U.S.A. o Francia harán todo lo posible para mantener a Obiang en su poltrona y así garantizar un suministro fiable de crudo para sus compañías petroleras. Así que será muy difícil cambiar las cosas a corto plazo en la maltratada pero aún hermosa Guinea.

Y sin embargo, sí hay algo que podemos hacer: correr la voz.

Estos dictadores de opereta, sólo se mantienen gracias al desconocimiento que tiene el resto del mundo de las fechorías que cometen. Cuantos más de nosotros sepamos lo que sucede, y por qué sucede, más probabilidades hay de que un día quizá no muy lejano, seamos suficientes para decir basta. Cuando políticos propios y ajenos sientan vergüenza de tratar con asesinos como Obiang, o descubran que darse abrazos dictadores que no respetan los más elementales derechos humanos tiene un costo político que sus votantes les van a hacer pagar, puede que algo empiece a cambiar.

Pero éste es sólo un primer paso, ahora te toca a ti dar el siguiente ayudando a que este mensaje llegue a la mayor cantidad posible de personas.

Como se dice en estos casos: PÁSALO

Gracias por tu tiempo y tu ayuda.

FERNANDO GAMBOA                                 

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