Entrevista para La Vanguardia

Fernando Gamboa es de esos escritores nómadas que viven su vida a ritmo de ‘carpe diem’, sin casa, ni coche, ni familia. No le hace falta, asegura convencido. Hasta hace unos años, Gamboa se consideraba de profesión aventurero y, realizando trabajos temporales, como jugar al póquer o dar clases de español a extranjeros, se costeaba sus viajes. Una lesión de espalda le obligó a quedarse en casa y es cuando decidió coger la pluma y escribir. ‘Llevo el mismo estilo de vida, sólo ha cambiado una cosa, que tengo trabajo fijo’, asegura el autor. Acaba de publicar ‘Guinea’, su segunda novela, que narra la inquietante aventura que vive una cooperante española de UNICEF al ser detenida en un control de policía, torturada y condenada a veinte años de prisión. Lejos de ser una ficción, Guinea reúne los testimonios de las personas que Fernando Gamboa conoció en su viaje a la ex colonia española, un país asediado por un gobierno tirano y corrupto, y que, según el autor ‘este libro era una deuda que tenía pendiente con esa maravillosa gente, tan amable y hospitalaria hasta límites inconcebibles’.

Al principio de la novela usted conversa con la protagonista del libro lo que da mucha veracidad a la historia. ¿Cuánto de real tiene?
Está basada en historias que, o bien me han sucedido a mi, o me las han contado gente que conocí en Guinea Ecuatorial. Otras, como el momento en que violan a una niña con un tenedor o las brutales torturas por parte de los militares, son denuncias textuales extraídas de un informe de Amnistía Internacional. En la novela no me invento nada por muy alucinante que parezca.

La protagonista del libro, Blanca, una cooperante de UNICEF, ¿está inspirada en alguien? 
Me contaron la historia de una cooperante que en un control de carretera fue detenida porque en su diario criticaba al gobierno de Guinea. La mataron allá mismo.

Hábleme de su viaje a Guinea.
Estuve muy poco tiempo, no por falta de ganas, sino porque la policía me hizo la vida imposible. Siempre viajo con una mochila y un billete de ida, pues mi intención es quedarme un tiempo largo, pero en Guinea no me dieron la opción y tuve que irme por el acoso policial.

¿No les gusta el turismo?
Si vas a tu aire, mezclándote con la gente, no les hace ni pizca de gracia. Conseguir el visado es peor que pedirle una instancia al Papa. Has de pedir permiso para desplazarte, sacar fotos, quedarte en un hotel, etc. Aunque si eres americano los militares te sacan la alfombra roja. Los españoles no tenemos ningún negocio, sólo proyectos de desarrollo y, por este motivo, no somos bienvenidos.

¿Por qué desconocemos tanto de un país que hace cuarenta años fue colonia española?
Pues es una duda que yo también tengo y me da mucho que pensar. Franco declaró Guinea materia reservada cuando ésta se independizó. Eso quiere decir que no podía salir a la luz nada sobre el país.

Y eso que aún no se había descubierto el petróleo…
Se sospechaba que podía haber. Las empresas españolas contrataron a una compañía americana para buscar el petróleo y ésta negó rápidamente la existencia de reservas de crudo. Cuando los españoles se fueron, apareció todo el petróleo. Ahora es la segunda reserva más importante de África, produciendo los mismos barriles que Kuwait. EEUU, China, Francia o Inglaterra tienen intereses económicos en Guinea, pero España no, con lo que no se entiende porque se sigue guardando tanto silencio en torno a esta dictadura.

El malo de la novela es el presidente de Guinea, Teodoro Obiang. ¿Qué papel juega en este entramado sucio entre gobierno y empresas petrolíferas?
Él es la marioneta que las multinacionales apoyan para que puedan seguir saqueando el petróleo y haciendo dinero. Es uno de los personajes más ricos del mundo, con una cuenta corriente que no deja de inflarse. Por otro lado, ha sido el responsable de que el diez por ciento de la población de su país haya ‘desaparecido’.

Gabriel es el héroe de la novela, un guineano revolucionario que está dispuesto a arriesgar su vida para acabar con la represión. ¿Has conocido alguna vez un personaje así en el Tercer Mundo?
Es muy complicado. Cuando vas allí no entiendes porque la gente no hace nada. Pero aunque los militares son una pandilla de inútiles pero la población les teme, y con razón.

Pandilla de inútiles pero armados…
Pero a veces ni siquiera las saben usar. Hace poco entraron unos piratas nigerianos a las costas guineanas, concretamente, a la segunda ciudad más importante, Bata, y estuvieron diez horas saqueando todo lo que encontraron. El ejército no podía ni sacar los tanques porque las llaves del cuartel se las había llevado la señora del mercado. El helicóptero que salió a perseguir a los piratas no llevaba munición. Era todo un chiste.

¿Mantienen muchas de nuestras costumbres?
Muchas. Hablan castellano perfectamente y con un acento impecable. Usan las mismas expresiones, mismos tacos, cantan las mismas canciones. Esto hace que te enfades más porque te sientes muy identificado con ellos.

¿Qué recuerdo guardan de la época colonial?
Muchos guineanos, sobretodo los ancianos, echan de menos la colonización y se sienten aún españoles. Desde luego que nosotros no lo hicimos nada bien pero ahora el país está en la ruina. Un abuelito se me acercó un día y me dijo: ‘Yo soy español y esto es una mierda. Antes aquí había un cine, un colegio, un hospital, luz eléctrica, alcantarillado.’ Es como si ahora hubieran vuelto a la edad de piedra y, encima, en un contexto de corrupción, tiranía y miedo.

¿Y qué hay de los jóvenes?
No piensan así porque no les llega información. Las radios y los canales son oficiales y todos ellos emiten mensajes del tipo: ‘Obiang es dios por eso puede matar a quien quiera sin pedir cuentas.’

¿Hay esperanza para las futuras elecciones?
Las elecciones son de risa en Guinea. En las últimas el presidente consiguió el 99.5 por ciento de los votos. ¿Quién se lo cree? Lo que más me enoja es que una delegación de políticos españoles se encargó de supervisar las pasadas elecciones y al volver dijeron que Guinea era el paraíso de la democracia. Una de dos, o eran idiotas o corruptos. A mí sólo me costó un mes para darme cuenta de la tiranía del gobierno, la injusticia, la represión, la manipulación.

Al leer este libro, a pesar del drama, el lector siente ganas de visitar Guinea. 
Guinea es un país con unos paisajes impresionantes y una gente maravillosa. Me pregunto de dónde habrá salido el presidente y su pandilla. Los guineanos te ofrecen la comida suya de ese día a cambio de nada, aunque sea el último alimento que les quede. Recuerdo cuando en la ciudad preguntaba a alguien por una dirección y en vez de decírtela, esa persona te acompañaba hasta el lugar, aunque estuviera al otro lado. Jamás sucedería en Europa. Y la selva… ¡qué lugar! aunque la están talando a ritmo de vértigo.

¿No existe un plan de conservación?
Hay un parque natural donde habita el gorila de costa que está gestionado y protegido por la Unión Europa, pero cuando yo estuve allí escuchaba las 24 horas del día la sierra mecánica. No oyes ni los pájaros, ni los monos, porque todos están muertos de miedo y no sólo por la tala de árboles, también porque la única entrada de proteína que tiene la población es a través de la caza.

¿Qué hay de los pollos, vacas y ovejas?
No pueden criarlos por el clima y las enfermedades. En el mercado sólo encuentras cocodrilo, iguana, mono, cosas de este estilo.

En el libro describe la selva como un lugar tenebroso, ¿cuál fue su experiencia allá? La selva es un lugar oscuro porque sólo se filtra el dos por ciento de la luz, es decir, aquí habría más luz de noche que en la selva en pleno día. No ves por dónde pisas. Otra cosa impactante es la cantidad de insectos que circulan por el suelo, les oyes correr…¡y esos ejércitos de hormigas que devoran todo lo que se cruza en su camino! En resumen, es algo alucinante.

Leer la entrevista en La Vanguardia.com

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Un comentario en “Entrevista para La Vanguardia

  1. Fernando es un escritor sumamente visual y eso hace que uno se sumerja en la historia desde las primeras palabras. En este caso, Guinea, la introducción es brutal; revuelve el estómago… pero recuerdas que la historia está contada por Blanca y piensas que el horror pronto quedará atrás. (por lo menos es mi caso). Descubres el otro horror de la situación en el pais pero Fernando lo envuelve en descripciones de la selva, con la visita a los pigmeos y a los gorilas y estás capturado sin remisión. Estás atrapado en la magia de Africa y quieres avanzar para saber como termina la historia y, al mismo tiempo, no quieres que llegue la última página… Por cierto, el final es un giro de tuerca inesperado que deja un saborcillo agridulce de buena trama “noire”.
    Este es un autor español al que las editoriales deberían tener más en cuenta. No se encuentran ya sus libros en papel y las copias existentes pasan de mano en mano haciendo pasar al lector unas horas emocionantes.

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