¡DESPEDIDO!

Se me hace imposible tratar de escribir unas pocas líneas sobre la actual situación en España, sin dejarme arrastrar por la mala leche y ponerme a disparar los mayores insultos que se me ocurran a diestro y siniestro.

Aunque en estos tiempos sea políticamente incorrecto afirmar algo así, sigo pensando igual que lo hacía diez o quince años atrás, que cada país tiene los políticos que se merece. Que no son más que la exaltación o la caricatura en muchos casos, del carácter y educación del pueblo que les ha votado y las instituciones que han fomentado su ascenso. Si lo dudan, echen un ojo a la geografía circundante, y díganme sino, a qué países podrían corresponder políticos como Merkel, Berlusconi, Sarkozy o Cameron. Podríamos jugar a “Una con una línea el personaje y el país de procedencia”, que aun el más ignorante en política internacional los acertaría sin fallo.

A partir de ahí, es fácil colegir que Rajoy, Zapatero, y sus huestes, solo podrían haber llegado a algo más que grises funcionarios de medio pelo en un país como el nuestro, amparados por un sistema que legitima a los idiotas y sinvergüenzas más hábiles a la hora de medrar (y con mejor puntería para el lanzamiento de puñales en omóplatos ajenos), vitoreados primero y luego votados, por millones de votantes que no han leído un libro de historia en su puñetera vida, que  entienden la política como el forofismo por un equipo de fútbol, y las elecciones como una final de champions que hay que ganar como sea para sus colores. Y bueno, pues así nos luce el pelo ¿no les parece?

Pero no es por el pantanoso sendero de la responsabilidad personal, por donde me apetece pasear esta noche. Allá cada cual se las apañe delante del espejo.

Lo que hoy me apetece recordarles, es que todos esos tipejos que forman (y formaron) el gobierno; que se venden al mejor postor, que mienten y se ríen en nuestra cara, que comparecen en televisiones de plasma mientras nos hunden en la miseria para salvar sus culos y llenarse los bolsillos sin recato alguno; esos, damas y caballeros, trabajan para nosotros. O mejor dicho: son nuestros empleados.

Pues sí, oh sorpresa. Resulta que esa legión de imbéciles y malversadores engominados con corbatas fosforito y coche oficial, está ahí para servirnos y obedecernos, porque nosotros les hemos contratado durante cuatro años para que administren un país que en realidad es nuestro. Son los contables de nuestro patrimonio, ni más ni menos. Solo eso.

La forma en que ejercen ese poder que les hemos prestado temporalmente, a través del parlamento, el senado y demás instituciones, no son otra cosa que convenciones para hacer más sencillo el ejercicio de su compleja labor, no un contrato en blanco de carácter vitalicio. Por supuesto, estos privilegiados trabajadores con contrato temporal se parapetan en sus sillones esgrimiendo la constitución como si fueran las tablas de Moisés, eso sí, después de arrancarle unas cuantas páginas para limpiarse el culo con ella. Pero que ellos luchen junto a sus camaradas de ambos lados del hemiciclo, para perpetuarse en esta plutocracia de cleptómanos que últimamente llamamos gobierno, no es motivo a mi modo de ver, para que se lo permitamos. Así que como simples empleados a nuestro servicio, es como debemos valorarlos.

Y ahora cierren los ojos, e imaginen conmigo que ustedes son unos empresarios sensatos, que descubren que algunos de los administrativos en los que habían depositado plena confianza para conducir su negocio, les están falseando las cuentas para beneficio propio o de la competencia, que todas y cada una de las inversiones que llevan a cabo son equivocadas, que meten la mano en la caja sin empacho alguno, y para colmo se niegan a presentarse en su despacho para rendir cuentas, enviándoles un video casero para que puedan verle la cara mientras se pitorrea. ¿Qué harían ustedes en un caso así? ¿Qué haría cualquier empleador con dos dedos de frente?

Yo sé lo que haría: despedirlos. Ponerlos de patitas en la calle. Avisarles con quince días de antelación y meterles el finiquito por el orto.

Si la inmensa mayoría de los ciudadanos de un país, se sienten secuestrados por un gobierno inepto, corrupto y sinvergüenza ¿No debería ser potestad de esta mayoría, aunque les haya votado previamente, forzarles a dejar su puesto? ¿No aboga este gobierno que ahora tenemos por la flexibilidad laboral, y la facilidad en el despido para mejorar la economía? Pues no se me ocurre mejor ejemplo de incompetencia manifiesta, que justifique un despido procedente, que el gobierno que ahora tenemos y sufrimos en España.

No hablo solo de la dimisión del presidente del gobierno.

Lo que sugiero es la reforma constitucional que permita a una mayoría de ciudadanos, ejercer su legítimo derecho de despedir a cualquier empleado público cuando no cumpla con su trabajo, que no es otro que servir a esos mismos ciudadanos.

Qué diferentes serían las cosas, si pudiéramos gritar… Sr. Rajoy ¡ESTÁ USTED DESPEDIDO!

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Un comentario en “¡DESPEDIDO!

  1. La situación en España no es buena indudablemente, pero tampoco hay tantos países que nos puedan dar lecciones de moralidad. Sin ir más lejos, tanto el Reino Unido como USA crearon ya hace mucho tiempo paraísos fiscales en sus propias costas para las grandes fortunas de sus respectivos países. De Düsseldorf salen vuelos diarios a la isla de Jersey, isla que por cierto es una auténtica mierda. No creo que sea mucha la demanda de visitantes por motivos turísticos. Yo cuando miro a España, miro el Imperio Español que defendió a Europa de la yihad otomana, que colonizó medio mundo, que sacó del salvajismo a todo un continente, que ahora es la primera potencia mundial del deporte de élite, del primer banco de occidente, de las primeras constructoras, potencia mundial del turismo, de la distribución textil, segundo país con mayor número de monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad….no sería mala idea querernos más. Yo al igual que usted, también he viajado muchísimo (Sierra Leona, Liberia, Ruanda, Macedonia, Ucrania, Australia, Malawi, Guatemala, Honduras, Kosovo, y así un larguisimo etcétera) amén de haber vivido en más de docena de países. Y con todo lo que hay que mejorar, sin duda vivimos en el mejor país de la tierra.

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